miércoles, 12 de noviembre de 2008

María

Que vieja y cansada imagen
me devuelve el espejo.
Ah! Si pudieras verme
Solo aquí en la gris penumbra de mi pieza
De este cuarto nuestro que parece tan grande
Desde que faltas tú.
Sabe Dios por qué senderos de infortunios
Pasearás tu tristeza
Y yo solo
Con tu adiós golpeándome el alma
Mientras la madrugada febril de mi desesperanza
Me trae el eco alucinado
de tu paso pequeño que te alejas
y la música triste de tus palabras
que se van adelgazando hasta el silencio...

*

Acaso te llamaras solamente María..!
No sé si eras el eco de una vieja canción,
pero hace mucho, mucho, fuiste hondamente mía
sobre un paisaje triste, desmayado de amor...

El Otoño te trajo, mojando de agonía,
tu sombrerito pobre y el tapado marrón...
Eras como la calle de la Melancolía,
que llovía...llovía sobre mi corazón..!

María..!
En las sombras de mi pieza
es tu paso el que regresa...

María..!
Y es tu voz, pequeña y triste,
la del día en que dijiste:
"Ya no hay nada entre los dos.."

María..!
La más mía..! La Lejana..!
Si volviera otra mañana
por las calles del adiós..!

Tus ojos eran puertos que guardaban ausentes,
su horizonte de sueños y un silencio de flor...
Pero tus manos buenas, regresaban presentes,
para curar mi fiebre, desteñidas de amor...

Un Otoño te trajo..! Tu nombre era María,
y nunca supe nada de tu rumbo infeliz...
Si eras como el paisaje de la Melancolía,
que llovía...llovía, sobre la calle gris...

*
Este prólogo fue recitado por Julio Sosa en la versión de María que cantó con Leopoldo Federico y su Orquesta. Las primeras líneas de esta pieza las tengo guardadas en la memoria y se me aparecen recurrentemente, no sé por qué. Creo que las recitaba mi padre. Con las palabras dibuja una de las imágenes más tristes y solitarias que se me pueden ocurrir: verse viejo y cansado del alma, en el espejo...

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